lunes, 3 de noviembre de 2025

Video Nietzsche


Archivo de TEXTO.


Nietzsche (II): Filosofía de la libertad: el legado de Nietzsche

Fundación Juan March


Diego Sánchez Meca, catedrático de Filosofía Contemporánea en la UNED, analiza la filosofía de Friedrich Nietzsche como "una filosofía de la libertad". Examina cómo esta concepción de libertad motivó su crítica a la cultura europea, especialmente a su moral y política. Nietzsche, basándose en las tragedias griegas, concluye que al igual que el héroe desafía su destino, nuestras acciones pueden transformar el mundo. Inspirado por la moral científica de Darwin, propuso superar la antigua moral europea y occidental con una ética de autosuperación y singularidad.


----------------------


TRANSCRIPCIÓN


0:00

He optado por centrarme en el que, en mi opinión, podría ser el significado unitario y de conjunto de su filosofía. Y en el que además yo creo que radica su originalidad más propia como pensador.


Por tanto, voy a seguir el siguiente esquema.


Primero voy a exponer cómo y por qué la filosofía de nietzsche es, en mi opinión, ante todo y sobre todo una filosofía de la libertad. 


Y en segundo lugar, voy a argumentar acerca de cómo ese sentido de libertad es lo que motiva sus análisis de la cultura europea, y en particular de su moral y de su política.


0:49

Empiezo, pues, con el tema de en qué sentido la filosofía de nietzsche es sustancialmente una filosofía de la libertad.


Y para trazar el contexto de esta tesis o de esta afirmación me gustaría que recordaramos que el progreso de las ciencias exactas.


En concreto, de la física y de la matemática, que se produjo a lo largo de los siglos XVII y XVIII.


Llegó a uno de sus momentos culminantes con el descubrimiento por parte de Newton de la ley de la gravitación universal.


¿Por qué me parece necesario recordar esto?


1:30

Pues porque con esa fórmula matemática newton parecía que cerraba y que sellaba, por así decirlo, la visión mecanicista y determinista del mundo.


1:45

Esa visión, que ya venía desarrollándose desde Galileo y Kepler, consiste básicamente en la afirmación de que el mundo es en realidad un entramado de relaciones causa-efecto, que se pueden formular y que se pueden describir matemáticamente, y que por tanto no dejan ningún lugar a la libertad.


2:00

Y esto planteó un problema muy importante a los filósofos, porque figuras tan relevantes como Kant, y luego Schopenhauer, se vieron obligados a asumir en sus filosofías que, en efecto, no hay libertad en el plano del acontecer del mundo empírico.


2:30

Y había que tomarse en serio por tanto las demostraciones matemáticas de Newton según las cuales el mundo es como una máquina, es decir, como un mecanismo que funciona obedeciendo ciegamente en todo su acontecer leyes precisas y exactas.


2:50

Sin embargo, como si el hombre no tiene realmente libertad entonces ni la moral ni el derecho se pueden aplicar porque entonces es que el hombre no tiene responsabilidad.


Si no hay libertad en la irresponsabilidad tanto Kant como Schopenhauer tuvieron que recuperar la vieja y anacrónica solución metafísica y teológica que se había dado durante siglos a este problema, y que era dar por hecho que, tanto en el mundo como en los seres humanos, coexisten junto con su existencia material y empírica otro nivel de realidad supra-empírico o sea un mundo sobrenatural, un alma sobrenatural y espiritual, en el que la libertad tendría que tener lugar.


3:50

Hoy ya no se acepta el mecanicismo de newton tal como él lo había formulado, y tampoco se acepta su determinismo, porque desarrollos posteriores de la física y de las matemáticas como la teoría de la relatividad de Einstein, el principio de indeterminación de Heisenberg, la teoría de las catástrofes de René Thom, o el descubrimiento de los agujeros negros de Stephen Hawking y Roger Penrose, nos han venido a demostrar que el funcionamiento del universo no es tan absoluto ni tan matemáticamente describirle como newton quiso hacer ver, sino que es algo relativo.


4:35

Es decir, en él es posible el azar, lo inesperado y lo impredecible.


4:41

Es cierto que Nietzsche obviamente no pudo conocer estos desarrollos contemporáneos de las ciencias.


Pero aun así, no estaba dispuesto a aceptar el determinismo mecanicista de Newton, y mucho menos la solución metafísica y teológica de Kant, que en último término consistía en volver a la visión platónico cristiana del hombre compuesto de un cuerpo material y de un alma sobrenatural.


Como nietzsche era un filólogo clásico, desarrolló entonces una reflexión sobre la libertad cuya primera originalidad estriba en que se produjo no a partir de descubrimientos científicos, ni siquiera de teorías filosóficas, sino a partir de un análisis de determinadas obras de arte, y esas obras de arte no eran otras que las tragedias griegas.


5:40

De modo que de las tragedias de Esquilo, de Sófocles y de Eurípides, Nietzsche extrajo, ya en su juventud, una serie de argumentos y de razonamientos filosóficos con los que pudo construir su tesis de que la libertad es consustancial a la vida humana.


6:00

Este era uno de los temas de su primer libro, El Nacimiento de la Tragedia, y fue justamente con las reflexiones de este libro con las que empezó su trayectoria como filósofo, saliéndose, yendo más allá, sobrepasando los estrechos límites de los métodos puramente positivistas y eruditos de la filología clásica.


6:33

La primera cuestión pues en la que se fija Nietzsche en su estudio de las tragedias: qué es lo propio de la actitud trágica, y no solo de la del héroe de las tragedias, sino también la del espectador. 

Nietzsche responde que la actitud trágica consiste, ante todo, en no buscar ningún consuelo ni ninguna seguridad ante el sinsentido del mundo.


7:00

Y es verdad que las tragedias griegas no están diseñadas, ni su intención es poner en escena visiones del sentido de la vida o del mundo, porque no son representaciones que permitan ver los acontecimientos como dirigiéndose a un fin, a una meta.


Esto fue lo que sí hicieron después los dramas cristianos, las escenificaciones de la historia de la salvación, que todas acababan en el juicio final con sus premios y sus castigos, mostrando de este modo un sentido moral y teológico del mundo.


7:47

Pero las tragedias griegas tampoco eran visiones que sugirieran un sentido de los acontecimientos, apuntando a las causas que los provocan, y por tanto produciendo una comprensión racional del acontecer del mundo.


Es esa comprensión racional en función de las causas lo que sucede en muchos de los dramas de Shakespeare, que ya están influidos por la incipiente ciencia moderna.


Según Nitzsche, en las tragedias griegas ni el mundo ni nuestra existencia tienen ningún sentido, o mejor dicho sólo podrían tener el sentido que nosotros les queramos dar.


Porque lo que se representa en ellas son insestos, parricidios, asesinatos, desgracias y catástrofes de todo tipo, y todo eso muestran, en su forma de representarse, los aspectos de azar, indeterminación, lucha, sufrimiento y destrucción que forman parte de la estructura del mundo, y de la existencia


9:02

Y lo que también es importante, es esta otra peculiaridad de la tragedia, es que no presentan todo eso con ningún propósito moral o aleccionador, o sea como ejemplo de las penalidades que tenemos que padecer por un supuesto pecado original o por cualquier otro motivo, sino que presentan todas esas aberraciones como posibilidades mismas del funcionamiento mismo de la vida, y por tanto como posibilidades del ser y del acontecer de este mundo.


De modo que mostrando ese proceso inseparable de creación y de destrucción, las tragedias invitan a tomar conciencia y aceptar la vida con coraje y valentía, es decir sin auto engaños ilusorios de salvación y de redención.



10:01

Por esa misma razón las tragedias no tienen por qué ser ningún motivo para el pesimismo, ni ninguna invitación a la resignación o al fatalismo.


Por el contrario, Nietzsche dice que su representación resultaba ser para los griegos un estímulo para su endurecimiento, o sea un tónico para autofortalecerse, para autosuperarse personalmente, justamente porque se ponía en escena un heroico ejercicio de la libertad.


10:30

Pero porque de la libertad que tiene que ver en estas representaciones, la libertad pues tiene que ver porque lo que el espectador ve representarse en esas obras de arte es lo siguiente: por un lado, el funcionamiento del mundo como una lucha de fuerzas ciega en continua confrontación unas con otras, y eso tanto en el nivel de los fenómenos naturales como en el de los humanos, es decir en la sociedad y en la historia.


Y ve también cómo los seres humanos están insertos en esa lucha como una más de las fuerzas y acciones que componen el mundo.


11:18

Osea, la acción humana, las decisiones de los hombres, su lucha, tienen un efecto en los procesos y en el acontecer del mundo físico de la sociedad y de la historia.


11:30

No actúan los hombres por lo tanto obedeciendo fatalmente a un determinismo procedente de la ley cósmica o del destino.


El destino, que es lo que representan las tragedias, no es una fatalidad que elimina la libertad del héroe y lo aplasta.


Si no hay lucha o sea si no se da la decisión del héroe de oponerse al destino, a su destino, y de resistirse a él, entonces no hay tragedia.


12:00

El efecto estético de la catarsis trágica se debe, justamente, a que el héroe resiste a su destino, que amenaza con aplastarlo.


Se opone a él con el querer de una voluntad activa de superación, que quiere modificarlo.


Un querer, por tanto, que es lo contrario de una resignación pasiva y fatalista.


El héroe de la tragedia, por tanto, lucha contra las fuerzas que se le oponen sin que en el argumento de la tragedia esté decidido de antemano si serán estas fuerzas las que vencerán o será el héroe el que las vencerá a ellas.


De todo lo cual se extrae una conclusión: que el ejercicio de la libertad humana forma parte de la estructura del mundo, de la sociedad, y de la historia.


13:00

Nuestras acciones y nuestras omisiones pueden modificar el mundo, porque tienen una eficacia real en lo que puede suceder.


El hombre es, por tanto, libre, porque depende de él decidir en esa lucha, dentro de ciertos límites.


Claro está, en un sentido o en otro.


Pues bien, es muy significativo lo que, apoyándose en este análisis y en estas conclusiones, Nietzsche va a defender a continuación.


Porque lo que va a defender no va a ser la conclusión, la teoría general y universal de que los hombres son libres.


Lo que en realidad va a decir es que la libertad no es realmente otra cosa que una posibilidad, y eso quiere decir que, en la práctica, o sea en el terreno de los hechos, no todos los seres humanos son igualmente libres o no libres, sino que unos son libres y otros sencillamente, pues, no lo son.


Porque ¿cómo puede ser esto? Pues puede ser, porque la libertad, dice Nietzsche, es el privilegio exclusivo de las naturalezas fuertes y nobles, y lo que hace fuertes y libres a esas naturalezas no es otra cosa que la disciplina, la autoexigencia, el autodominio, todo lo cual se traduce en un modo de existencia más elevado y profundo.



14:30

Por lo tanto, la libertad no es algo con lo que nacemos y que poseemos ya como una propiedad de nuestra naturaleza.


No, no, la libertad es algo que hay que ganarse enfrentándose a los desafíos y a los retos de la vida, fortaleciéndose con esa lucha y entrenándose para vencer dificultades cada vez mayores.


Eso es lo que deciden hacer las naturalezas fuertes.


15:00

Las naturalezas débiles por el contrario son las que no quieren ser autónomas ni libres, y por eso renuncian a esa lucha.


Se subordinan, entonces, a distintos amos a los que obedecen como las ovejas de un rebaño, dice Nietzsche.


Y cuando un hombre siente la necesidad de que se le tengan que dar órdenes, entonces es cuando se vuelve un creyente, y a la inversa se puede pensar que un espíritu libre y fuerte que se despide de toda creencia, de todo deseo de certeza y seguridad, y que se ejercita entonces en bailar hasta el borde de los abismos, ese es el espíritu auténticamente libre.


15:51

Pues bien toda esta reflexión sobre las tragedias y las conclusiones que Nietzsche extrae, tienen lugar, como he dicho, en su etapa de juventud.


-----


16:00

En los tres libros sin embargo que escribe a continuación y que son: Humano demasiado humano, Aurora y La Gaya Ciencia, va a considerar necesario otro tipo de análisis, al que le conduce sin embargo, incluso al que le obliga podríamos decir, esa filosofía de la libertad de su etapa de juventud.


16:20

El contenido unitario de esos tres libros es el del estudio de la civilización europea, y de un modo más concreto, de su moral.


Es decir de los valores en los que esa civilización se ha basado y se ha desarrollado a lo largo de su historia.


Pero ¿por qué se fija Nietzsche en la moral? ¿que tiene la moral en ese proceso de civilización tan importante para que Nietzsche dedique tres libros a ese a su análisis? 


Pues porque Nietzsche considera necesario y urgente hacer un análisis crítico de ella.


Y para explicar por qué y cómo hace ese análisis.


17:00

También hay que tener en cuenta un contexto, un contexto histórico, y es que la libertad en sus dimensiones sociales y por tanto como moral y también en sus dimensiones políticas constituye una de las reivindicaciones más importantes del movimiento ilustrado del siglo 18, sobre todo como libertad religiosa frente al dominio eclesiástico de las conciencias, y como libertad política frente al absolutismo de los monarcas del antiguo régimen.


Recordemos también de paso que la libertad de conciencia y la lucha contra el absolutismo habían sido ya antes de la ilustración los motivos principales de la reforma de Lutero contra la Iglesia de Roma desde el siglo 16.


18:00

Pues bien, Nietzsche va a partir, en su análisis crítico de la moral europea, del lema que según Kant representa la esencia de la actitud ilustrada, y ese lema es el siguiente: servirse del propio entendimiento sin la guía de otro


Lo que este lema viene a decir es que un espíritu verdaderamente ilustrado sería solo el que desarrolla un pensamiento autónomo, capaz de ejercerse en libertad.


18:43

Pero Nietzsche tiene algo que añadir a ese pronunciamiento de Kant, y es que servirse del propio entendimiento sin la guía de otro obliga inevitablemente a quien se tome eso en serio a una crítica de la moral europea tradicional.


Porque no dejarse guiar por otro implica liberarse también de muchos prejuicios morales que determinan silenciosamente desde dentro nuestro entendimiento y nuestro comportamiento.


Impiden su ejercicio en libertad y por eso a Nietzsche le va a parecer muy necesario avanzar, en materia de moral, más allá de donde Kant se había quedado.


Creo que en este punto debemos decir algo muy importante, y que no debemos olvidar, y es que criticar la moral no es en modo alguno negarla.


El objetivo de la crítica de Nietzsche a la moral no es destruirla para defender el libertinaje, la inmoralidad o la amoralidad como alguien o alguna gente va diciendo por ahí.


Lo que él dice es que hay que dar paso a una nueva moral no dogmática, que represente una transvaloración, es decir un cambio de valores respecto a los que han sido defendidos e impuestos por la moral europea tradicional.


20:10

Y el cambio principal en este sentido debería consistir justamente en esto en que la moral no se conciba ya como una moral absoluta.


Es decir, sobrenaturalmente fundada, sino que se conciba como un tipo de diferenciación entre el bien y el mal, entre lo bueno y lo malo, que esté en conexión con su función social concreta.


Nietzsche lo repite una y otra vez: la moral es algo absolutamente necesario para la convivencia armónica de los hombres en sociedad.


21:00

Pero precisamente por eso no debería ser el ámbito de unos valores sobrenaturales y absolutos, y de unas normas inmutables.


Y, en sí, la moral no es ninguna cosa venida del cielo, sino simplemente una parte más de la cultura, como lo es la ciencia, el arte o la técnica.


Por eso ha habido y hay tantas morales como culturas, y cada una de ellas ha tenido y tiene su propia y particular evolución histórica.


De modo que los conceptos de bien y mal no han sido los mismos en todas las épocas y lugares, y eso obliga a comprenderlos como valoraciones epocales, al servicio del progreso humano y de la civilización.


Por tanto, y esto es lo más importante, sin las prescripciones de la moral los seres humanos no habríamos superado el nivel de la animalidad, no habríamos salido del estado natural animal, ni nos habríamos elevado por encima de la animalidad construyendo la civilización.


De modo que es verdad que el hombre deja de ser animal y se humaniza gracias a la moral.


Ahora bien, hay que aclarar que esa salida de la animalidad no se debe a que, como dice Kant, hay un bien y un mal sobrenaturales y universales, con cuyo cumplimiento los seres humanos se espiritualizan y alcanzan su dignidad como personas.


Lo que aporta el punto de vista social e histórico, y cultural, que Nietzsche propone, es que es el hombre el que produce los valores, el que los instaura, y lo hace mediante un curioso mecanismo circular del que Nietzsche tiene la aguda inteligencia de describir.


Es decir, primer momento seres humanos en los comienzos de la historia unas tablas de valores para ordenar la convivencia, y para inculcar los en la comunidad y que sean eficazmente acogidos y cumplidos los sacralizan.


Es decir, atribuyen su origen a Dios o a los dioses.


Después, con el tiempo, se olvida que esos valores fueron creaciones de los antepasados, y se consolida esa calificación de valores sagrados.


Y en sí la segunda parte del mecanismo es la siguiente: que una vez sacralizados así los valores e incrustados en la sustancia misma de la cultura, entonces son incorporados por generaciones y

generaciones de individuos, mediante su proceso de socialización.


23:50

Es decir, los niños dejan de ser animalitos cuando incorporan la moral a través de su educación.


Pero haciendo eso les pueden suceder a los niños dos cosas, y a los mayores también, que son bien distintas.


La primera es que se desarrollen psicológicamente sanos, si esos valores morales en los que se han educado son saludables, es decir si les ayudan a crecer.


Y, segunda, que se desarrollen llenos de culpa, llenos de neurosis, porque esos valores son castrantes y debilitantes.


24:30

A Nietzsche le llama la atención que la inmensa mayoría de los filósofos del pasado, incluido Kant y otros muchos filósofos modernos, no hayan tomado conciencia de esos procesos, sino que hayan seguido defendiendo el carácter sobrenatural y universal de la moral, en su versión de moral cristiana, tradicional y europea.


24:55

Increíblemente para él, estos filósofos han caído en la actitud ingenua de los que creen que los valores de la moral son sagrados, y que han sido dictaminados por el Dios cristiano, lo cual los hace inamovibles, es decir no se pueden cambiar, son los únicos verdaderos para siempre.


25:10

Nietzsche acusa por eso, a esos filósofos, de superficialidad.


Porque se declaraban ellos, todos los filósofos, muy solemnemente declaraban su intención de someterlo todo sin excepción a la crítica de la razón pura, y resultaba luego que siempre se dejaban fuera a la moral de esa crítica y a sus fundamentos teológicos, que eran en realidad objetos de fe, y a los que nunca aplicaban la crítica racional.


25:40

Este es el motivo por el que Nietzsche va a reconocer a Darwin el mérito de haber contribuido de forma

importante a liberar al ser humano de ese sobre naturalismo teológico y metafísico, para reinsertarlo en el devenir natural del mundo, del que es parte constitutiva.


Es decir, el ser humano y la cultura son, según Darwin, evolución natural.


El ser humano no es más que un animal más, aunque más evolucionado que los demás.


Ciertamente por eso la moral debe ser estudiada y comprendida, dice Darwin, a partir de los motivos extra morales que la producen, que son motivos que están en función de las necesidades de adaptación de los seres humanos al medio y a la vida.


De modo que el espíritu humano y las distintas esferas de la cultura, y entre ellas la moral, son o mejor dicho no son otra cosa que logros evolutivos, que se van configurando de manera progresiva a partir de ese mecanismo principal que rige la dinámica de la vida.


27:00

¿Cuál es el mecanismo? Pues, aquí será otra coincidencia entre Nietzsche y Darwin, porque para ambos ese mecanismo que rige la dinámica de la vida no es otro que la lucha por la existencia.


La existencia y la vida no son otra cosa que una lucha, como ya nietzsche había concluido de sus análisis de las tragedias griegas.


Darwin a su vez desarrolla su explicación propia del origen natural de la moral, a partir de la necesidad que los seres humanos primitivos tuvieron y tenían de sobrevivir y de adaptarse al medio.


Por eso las características de la moral habrían se habrían configurado en conformidad con esa lucha por la supervivencia.


O sea, cualquier variación de las condiciones de existencia en una determinada comunidad de seres humanos suponía la modificación correspondiente del contenido de su moralidad y de sus valores. 


28:06

Bien, Nietzsche acepta todo este planteamiento darwiniano sobre la moral, pero extrae de ese cambio de rumbo que representa Darwin algunas conclusiones importantes.



Por ejemplo, él dice que cuando se examina la moral ya de ese modo científico, o sea fuera de su encuadramiento teológico y metafísico, entonces se la puede intentar superar, porque se puede cambiar, claro.


Sobre todo si en nuevas condiciones sociales y culturales la vieja moral se ve que consiste en una fuente de conflictos subjetivos, y se convierte en motivo de enfrentamientos negativos entre los individuos.


O sea, cuando la moral en vez de ayudar a los individuos a elevarse a refinarse y a fortalecerse resulta que los debilita, los enferman, y los hace infelices.


Como he dicho antes, todo este horizonte teórico es el que Nietzsche desarrolla en sus obras de la primera madurez, y preparan por tanto la que va a ser su filosofía última, la más propia y original, que es la que ofrece en las obras que escribe después de Así habló Zaratustra.


----


Estas obras en particular son tres.


29:30

En mi opinión las más adecuadas, las más concentradas:


La genealogía de la moral, Más allá del bien y del mal, y el Crepúsculo de los Ídolos.


Estas tres obras ofrecen una reflexión mucho más ajustada, mucho más penetrante si cabe, sobre nuestro

proceso de civilización europeo y occidental, que sigue teniendo, en mi opinión, todavía hoy bastante interés y actualidad.


En este análisis de nuestra civilización europea, Nietzsche parte de las explicaciones que algunos filósofos modernos habían dado del contrato social.


Filósofos, en concreto, como Hobbes, Locke y Rousseau.


30:10

Estos autores cuentan de formas diferentes la historia de la domesticación del hombre y los procedimientos por los que de animal humano el hombre se acaba convirtiendo en una persona civilizada y socializada a la europea.



30:30

Nietzsche comparte algunas de las tesis de estos filósofos sobre todo las de Hobbes, pero añade a esa historia un conjunto de observaciones sobre cómo la culpa o la culpabilización han contribuido a configurar a un ser humano capaz de responder de sí, de prometer, de recordar lo prometido, de comprometerse con lo prometido.


O sea, Nietzsche se detiene en estudiar qué función cumple la culpa a la hora de hacer del hombre europeo un ser social civilizado, consciente, responsable, que recuerda las leyes y las cumple.


Pero aún siendo brillantes estos análisis, con los que Nietzsche se anticipa en muchas cosas a los desarrollos psicoanalíticos y a las teorías de Freud, su problema más propio y original tampoco va a ser ese de como la culpa y la responsabilidad dan lugar al orden legal y a la moral, que es como saben el tema central de la obra de Freud Tótem y Tabú.


Lo que propiamente a Nietzsche le va a interesar es la cuestión de cómo y por qué un tipo concreto de individuos crean la moral europea de los valores ascéticos y altruistas, y como la sociedad a la que esa moral da lugar se termina generalizando e imponiendo, extendiendo y extendiéndose por casi todo el mundo, que es la sociedad occidental que se crea propiamente por la extensión de los valores de europa.


32:27

Primer dato sobre el origen o la genealogía de esta moral.


32:33

Resulta que ésta moral no encuentra un modo mejor para imponer sus valores que condenar como malos (son valores ascéticos), condenar como malos los valores vitalistas, o sea, los que afirman y ensalzan el disfrute de la vida, el placer, la libertad, etc.


La moral ascética condena como malos e indeseables el placer, la fuerza, la lucha, la victoria, y promueve y ensalza como buenos los valores opuestos, es decir la renuncia, el desprecio y la negación de uno mismo, la humildad, la castidad, la abnegación.


Nietzsche reescribe, pues, a partir de esa contraposición la historia de la moral europea, y entonces traza el recorrido de una lucha entre dos morales enfrentadas.


Lo que diferenciaría a esas dos morales es, sobre todo, que una establece como valor prioritario lo

bueno, mientras que en esa moral lo malo queda como secundario o accesorio.


33:50

Ahora voy a explicar esto que en principio parece que no se ve claro.


Y en la otra moral en la contrapuesta es el valor malo el que tiene la prioridad.


Voy a tratar de explicar brevemente, llamando ya a esas dos morales como ustedes habrán ya intuido, que Nietzsche las llama moral de los señores y moral de los esclavos.


En la moral de los señores, sería esta moral la que nace y la que forma sus valores entre las aristocracias militares y la nobleza del mundo antiguo.


En ella el valor bueno se construye porque equivale a bueno en el sentido de apto, es decir de bien dotado naturalmente, de fuerte, de bello, bello y bueno en el sentido por ejemplo que se dice de un caballo que es veloz, o como se dice también de un músico que es bueno porque sabe y logra componer hermosas canciones.


34:50

Es decir el valor bueno no tiene aquí en esta valoración ningún significado moral en el sentido que nosotros luego le hemos dado al concepto de bueno.


El calificativo de malo, por el contrario, en esta moral de los señores, designa al hombre no apto no capacitado, al ordinario y común hombre vulgar, que no es ni fuerte ni excelente ni bello, y que no

ha desarrollado ni la inteligencia, ni la sensibilidad, ni la excelencia que le permitan destacar.


Tiene por tanto connotaciones que lo vuelven objeto de una cierta indiferencia por parte de los nobles.


Nietzschee subraya una cosa que es significativa: esa indiferencia no significa en modo alguna hostilidad sino que es más bien en realidad un sentimiento de diferencia, de quererse diferenciar y distinguir de eso.


35:50

Obedece a la necesidad de marcar una distancia que no impide, no obstante, que los fuertes y los nobles se puedan mostrar en general benevolentes y compasivos con los débiles como parte de su propio

carácter noble.


La moral de los esclavos en cambio tiene otra historia, y su tabla de valores se establece de otro modo.


Esta otra moral se constituye a partir de la confrontación entre esa nobleza guerrera orgullosa y activa y los grupos a los que se opone porque les ha impuesto su dominación.


Por ejemplo, en concreto, un ejemplo histórico concreto en la última etapa de la historia de Roma, esos grupos eran los grupos cristianos, los grupos de la moral opuesta a la de los señores eran los grupos religiosos cristianos formados por esclavos, que eran gentes sometidas por las conquistas de Roma; y en esos grupos la humillación y la impotencia, dice Nietzsche, habrían generado el odio y el deseo de venganza respecto a los fuertes.


Y la interiorización de ese odio habría derivado en resentimiento.


De ese caldo de cultivo sería de donde habría nacido la moral ascética, que en realidad no habría sido otra cosa sino la estrategia, la inteligente estrategia, con la que los débiles habrían llevado a cabo durante siglos su guerra de aniquilación contra los señores y su moral.


Una guerra que terminan ganando.


Esa estrategia hace que triunfe y que se generalice como moral europea, no la moral de los señores, sino la moral de los esclavos.


37:48

Nietzsche añade todavía, y creo que esto es importante, que cuando él contrapone así la moral de los señores y la de los esclavos, no lo hace en modo alguno porque quiera defender la de los señores, en el sentido de que la de los señores le parezca que es la buena y le parezca que es la verdadera, mientras que la de los esclavos él considere que es la mala y por tanto la falsa.


En su planteamiento estos criterios de bueno o malo y verdadero y falso para distinguir entre las dos morales no tienen ningún sentido.


El criterio que aplica, y que él considera que se debe aplicar para valorar una moral, el criterio debe de ser el de la salud y el de la enfermedad.


38:34

Una moral sana, por tanto, frente a una moral enferma.


¿Cuál es la moral sana? Pues, la que es capaz de promover el crecimiento, la potenciación de la vida, del individuo, mientras que la enferma sería la que produce su disminución su debilitamiento, su empequeñecimiento y su infelicidad.


Por último, dice Nietzsche en este libro que estamos analizando, La Genealogía de la moral, otra cosa que también es importante: se refiere a un conflicto funcional básico que estaría presente en el trasfondo inconsciente de todo individuo, o sea todo el ser humano tendría que enfrentarse a lo largo de su vida a la lucha entre dos impulsos.


Por un lado, el impulso que en su interior le empuja a elevarse, a diferenciarse, a crecer, a encontrar su propia identidad y su propia forma, su propia individualidad original.


A ese impulso lo llamaba él, en su pensamiento de juventud, lo apolíneo.


Lo apolíneo que lucha por conseguir una forma.


Pero, por otro lado, todo individuo sentiría también en su interior el impulso contrario, es decir, el que nos empuja a la fusión con los otros en la indiferenciación, es decir, la pulsión que nos invita a disolver nuestro yo en la masa, la que nos mueve a no querer ser diferentes a los demás, a no luchar, a exigir que todos tengamos la misma identidad y a perdernos así todos en el rebaño, quedando absorbidos y anulados por él.


Ese es el otro impulso al que, en su juventud, le llamaba lo dionisíaco.


De la diferencia de esos dos impulsos extraía el joven Nietzsche la siguiente conclusión: la vida misma empuja al individuo a la autodefinición, es decir al crecimiento a la superación de la animalidad y a la autonomía, para conseguir lo cual, para ir por esa vía lo que tiene que incorporar es la lucha, la elección, la disciplina y la responsabilidad.


Todo eso lo necesita principalmente para oponerse y para neutralizar el otro impulso que también siente, que es el de no salir de la animalidad, el de permanecer en la inconsciencia de la animalidad. 

De modo que sería la vida misma en su versión ascendente, apolínea, la que tendría en su ser el fundamento de una moral.


Una moral, atención, de la autosuperación y, a la vez, del equilibrio, de la forma, de la autolimitación, de la autodisciplina y del autocontrol; en ningún caso de la barbarie y de la brutalidad.


Naturalmente, no se puede perder de vista que también la vida tiene como el otro impulso más básico de los dos, el dionisíaco, es decir no querer nada de eso, el de necesitar perderse en la indiferenciación, el de la embriaguez, de la pérdida de la individuación desapareciendo en el rebaño. 


Un solo rebaño y ningún pastor, dice Zarathustra.


Por tanto,  la moral de los señores y la moral de los esclavos no sería, según esta reflexión, ningún invento más o menos ocurrente o caprichoso de Nietzsche.


Lo que él quiere reivindicar es que, frente a la moral ascética tradicional europea, que es una moral del rebaño, la vida contiene en sí misma otro tipo de moral distinto: la moral de la autosuperación, la moral que con el tiempo Nietzsche llamará la de la voluntad de poder.


42:40

Y lo que hubiese parecido lógico cuando se comprende de este modo nuestra historia europea, habría sido que la moral que debería haberse impuesto es esta de la construcción y de la evolución, de nuestra civilización como moral afirmativa que brota del impulso ascendente de la vida y que funciona en armonía con su crecimiento y su potenciación.


Y, sin embargo, la paradoja es que justamente eso es lo que no ha sucedido.


Es decir, la que ha triunfado ha sido la moral opuesta a la vida, la que niega los valores nobles y dedica todo su esfuerzo a tratar de obligar a que todos los individuos tengan que ajustarse a los ideales metafísicos y teológicos.


Porque la vida tal como es, según esa moral teológica, aparece a la luz de esos ideales como inmoral y como injusta, de modo que la nuestra ha sido la moral nihilista.


43:40

La moral que se ha venido concretando a lo largo de nuestra historia, en una serie de prohibiciones cuyo objetivo no ha sido otro que el de limitar a los individuos en sus iniciativas y en sus acciones.


¿Cómo ha hecho esto? ¿cómo ha limitado y ha disminuido a los individuos? Pues, imponiendo las reglas uniformes formadoras y niveladoras, un código de conducta universal que ordena o prohíbe no sólo las acciones concretas en su definición externa, en su manifestación externa, sino también las intenciones últimas, el pensamiento, y los motivos psicológicos de esas acciones.


44:33

El hombre moral europeo y occidental es, por tanto, según esta moral, el que obedece escrupulosamente todas esas reglas absolutas, todos esos mandamientos sobrenaturales, sin preguntar ni rechistar.


Es decir, en la actitud propia de un esclavo.


Frente a eso, la actitud del hombre libre, es decir la del señor, sería la de construir sus propios valores, porque no acepta ser eximido de esa responsabilidad.


Bastantes analistas han calificado este planteamiento de Nietzsche sobre la moral europea de aristocrático o aristocratizante.


Es un adjetivo de los más suaves que le han dedicado: aristocrático o aristocratizante.


Y realmente esto no se lo dicen como un piropo.


Es verdad que este planteamiento de Nietzsche choca muy fuertemente con el tipo de valoraciones morales que son hoy las más extendidas y las más rechazadas.


45:43

Por eso estos autores en realidad concluyen que Nietzsche no tiene hoy nada que enseñarnos.


A mí no me parece que se debe despachar tan a la ligera todas esas consideraciones y análisis que hace Nietzsche porque nos guste más o nos guste menos.


Significan para nosotros, entre otras cosas, un espejo en el que podemos mirarnos y descubrir todas las posibilidades y puntos de vista que rara vez nos planteamos.


O podemos ver en todo eso un martillo, que ya Nietzsche lo decía, un martillo con el que se puede hacer sonar el vacío interior de nuestros valores.


De este modo podríamos cuestionarnos lo que nunca nos cuestionamos.


Por ejemplo, hacia dónde se dirige nuestra civilización europea.


----


Voy a ir terminando ya no sin antes decir dos palabras más sobre cómo esa dualidad de morales de las que Nietzsche habla tienen una prolongación muy interesante, en mi opinión, en el terreno de la política.


Probablemente esta va a ser la prueba del nueve de esas afirmaciones, a lo mejor cuestionables, que ni se hace en el nivel de la política.


47:00

La dualidad de esa moral entre señores y esclavos se traduce en otro tipo de confrontación que es, por un lado, valorar la gregarización, la nivelación de los individuos, como la mejor forma de sojuzgar y de gobernar el rebaño, frente a la hipótesis de un cultivo de la singularidad, de la individualidad, que acepta el riesgo que se seguiría de admitir capacidades de acción nuevas, innovadoras, capaces de hacer crecer y fortalecerse a los individuos, en lugar de disminuirlos y, por tanto, a la sociedad.


Lo que se llama entonces virtud en esa moral, en esta nueva opción, sería la fuerza como capacidad de inventarse cada uno él mismo.


Es decir, creatividad, originalidad, en contraposición a esa no voluntad de los esclavos, que obedecen el orden establecido y a los patrones estándares en actitud propia de un rebaño.


Esculpirse a sí mismo, esculpirse a sí mismo con un juicio de gusto, sobre el estilo a dar al propio carácter.


Esa es la definición que da Nietzsche de la ética, del principal mandamiento ético, que se funda en la responsabilidad individual y en la experiencia del control de uno mismo, por oposición a una moral de lo general y de lo uniforme, en la que el individuo virtuoso realmente es el que obedece sin rechistar las normas y las leyes incontestables, dogmáticamente.


En relación a esto, y como un modo de explicarlo mejor, Nietzsche utiliza ya en sus últimos escritos, uno de los conceptos que más se han tergiversado y malinterpretado de él, que es el concepto del superhombre, übermensch en alemán.


49:10

Hay que aclarar, ante todo, que en esa expresión, übermensch, el über no significa aquí tanto el sobre, el súper súper, de superhombre, hombre superior, no significa eso en alemán; über significa mejor, más, más allá; es decir, lo que está más allá o después del hombre nihilista, tal como nosotros lo conocemos ahora.


49:40

De modo que über sería la imagen, la hipótesis, de ese hombre que habría superado ya la enfermedad del nihilismo, y se habría convertido, por tanto, en el exponente de lo que Nietzsche llama la gran salud.


La gran salud. 


50:00

¿Cómo podemos imaginarnos nosotros esa gran salud? Pues, Nietzsche la describe, justamente, como el resultado de esa ética de la singularidad, de esa ética de la singularidad, que giraría en torno al concepto de construcción de uno mismo, en función de un gusto por la excelencia y la distinción.


Naturalmente la objeción principal que se ha hecho a esa moral es que, en último término y como poco, es una moral individualista, en la que no sería posible articular la sociedad y la convivencia.


50:35

Porque eso sólo se puede hacer, según quienes no piensan como Nietzsche, sólo se puede hacer con normas imperativamente categóricas y obligatorias, que todos deban cumplir.


Opino que nietzsche podría contestar a eso que la universalidad no es obligado entenderla como la unidad, generalidad, nivelada, sino que se puede entender también como una pluralidad armónica, que no reduce necesaria y sistemáticamente lo singular a lo general.


De hecho esa es la crítica que él dirige a los totalitarismos, primero, y a los nacionalismos después.


A los totalitarismos tanto de derechas como de izquierdas.


Totalitarismo de derechas será el de Hegel que ontológiza el estado, convierte el estado en una metafísica, y de izquierdas es la lucha de clases de Marx, que se encamina ella solita, dialécticamente, a la utopía final de la sociedad sin clases.


En las dos ideologías, lo que Nietzsche ve funcionar es la escatología cristiana, y la idea de la redención y de la salvación.


Por eso, esas dos ideologías son necesariamente totalitarias.


Porque, en su esencia, consisten en proclamar como redención y como salvación la superación del egoísmo individual concreto, del particularismo de cada uno.


Es decir, la integración de toda la masa de los individuos en el estado totalitario.


Esta es la razón de que en estos sistemas totalitarios los individuos en realidad no pinten nada, ni tengan ninguna entidad.


Es decir, no tienen ninguna relevancia.


Con su idea del übermensch y su ética de la singularidad, lo que Nietzsche está proponiendo es una visión distinta, al menos como ideal regulador.


Es otro modo de organización política, distinto de esa inclusión obligada de todos los individuos en la totalidad de la nación, o en la totalidad del estado.


52:57

En ese otro modo, la relación entre el individuo y el estado no se comprendería ya desde ninguna óptica teológica, que busca y que encamina, y que concibe la sociedad como una marcha hacia la redención y hacia la salvación, que es lo que hace que todos sean iguales, o tengan que ser iguales, sino que, en función de la hipótesis de Nietzsche, la relación del individuo con el estado sería simplemente la relación del interés.


Es decir, dicho esto con más claridad, la relación del individuo con el estado no tiene que ser otra que la de un equilibrio de mutuas cesiones y beneficios, guiado por el interés pragmático.


Por tanto, en este nuevo modelo de organización política, que simbolizaría el übermensch, el hombre más allá del nihilismo, la subordinación o la pertenencia de los individuos al estado y a las leyes comunes, que efectivamente tiene que haber leyes comunes, y todo individuo tiene que obedecer leyes comunes, pero su subordinación ya no está justificada por una visión salvífica, teológica de la historia, que hace posible la afirmación de un totalitarismo.


Para este hombre nuevo de la gran salud, que se ha librado del nihilismo, las leyes políticas, lo mismo que las normas morales, no son más que creaciones humanas para hacer posible la convivencia.


54:25

Y el estado no es otra cosa que el instrumento para que se puedan hacer valer los derechos y las obligaciones en los que se basa la convivencia.


Y esa es la razón por la cual Nietzsche crítica también tan duramente a los nacionalismos y a su fetichización de la nación.


54:40

Rechaza Nietzsche cualquier tipo de vinculación que no sea esta vinculación puramente pragmática entre el individuo y la nación.


Por eso arremete contra el concepto nacionalista de pueblo, un concepto metafísico e incluso teológico como el pueblo de dios, o contra el de la madre patria.


La firme decisión de Nietzsche, por tanto, es la de prescindir de una vez de las instancias teológicas en la moral, y mantener en la política un marcado realismo.


Porque tiene claro que la peor amenaza que tenemos los humanos no es otra que la de nuestro propio impulso interior a la animalidad.


Por eso me gustaría terminar con aquellos versos de la Ilíada, en los que Aquiles le dice a Héctor: deja de hablarme de acuerdos, entre hombres y leones no hay posibilidad de compromisos leales, entre lobos y corderos no hay sentimientos comunes, todos traman sin descanso la muerte los unos de los otros.


Pues bien, lo que Nietzsche dice no es otra cosa sino que una civilización y una cultura sanas es lo único que nos permitiría dejar de ser eso.


Gracias.

Clase Nietzsche

Nietzsche

Libros importantes:
Más allá del bien y del mal.
Genealogía de la Moral.

El crepúsculo de los ídolos.
Así habló Zarathustra.


VIDEO
Fundación Juan March
Nietzsche
https://www.youtube.com/watch?v=N8kVmRhQbuE
https://www.youtube.com/watch?v=-ZmxxanufWA


Análisis de texto.
Más allá del bien y del mal
Para la historia natural de la moral.

186

El sentimiento moral en Europa es complejo.
Y además torpe y groseramente desmañada es la «ciencia de la moral» que a él corresponde.

¿Qué le hace falta a una buena ciencia de la moral: recogida de material, formulación y clasificación conceptuales de un inmenso reino de delicados sentimientos y diferenciaciones de valor, que viven, crecen, engendran y perecen, - y, acaso, ensayos de mostrar con claridad las configuraciones más frecuentes y que más se repiten de esa viviente cristalización, - como preparación de una tipología de la moral.

(Se necesita, recolección de materiales, conceptualización apropiada, y una tipología de las distintas formas de moral históricas.)
(Crítica de la falta de sentido histórico de las doctrinas sobre la moral.)

Desde luego: hasta ahora no hemos sido tan modestos.

Los filósofos han querido la fundamentación de la moral,considerada como «dada».
----
...no llegaron a ver en absoluto los auténticos problemas de la moral: - los cuales no emergen más que cuando se realiza una comparación de muchas morales.
-----
Justo porque los filósofos de la moral no conocían los facta [hechos] morales más que de un modo grosero, en forma de un extracto arbitrario o de un compendio fortuito, por ejemplo como moralidad de su ambiente, de su estamento, de su Iglesia, de su espíritu de época, de su clima y de su región, - justo porque estaban mal informados e incluso sentían poca curiosidad por conocer pueblos, épocas, tiempos pretéritos, no llegaron a ver en absoluto los auténticos problemas de la moral: - los cuales no emergen más que cuando se realiza una comparación de muchas morales.

Lo que los filósofos llamaban «fundamentación de la moral» era tan sólo, una forma docta de la creencia en la moral dominante.

Una negación de que fuera lícito concebir esa moral como problema.

Escúchese a Schopenhauer, hablando como los niños y las viejecillas: - «el principio, dice Schopenhauer (pág. 136 de los Problemas fundamentales de la moral), la tesis que acuerdan todos los éticos:
neminem laede, immo omnes, quantum potes, juva
[no dañes a nadie, antes bien ayuda a todos en lo que puedas]

ésta es propiamente la tesis que todos los maestros de la ética se esfuerzan en fundamentar.

La dificultad de fundamentar la mencionada tesis es, desde luego, grande.

Debería haberse percibido a fondo la falta de gusto, la falsedad y el sentimentalismo de esa tesis en un mundo cuya esencia es VOLUNTAD DE PODER.

-----

Cuando la vida sube, felicidad es igual a instinto.

Metafísica de la voluntad.

LA MORAL ES UN SÍNTOMA (indicio)

(¿De qué? Del estado de salud, del estado fisiológico, de la presencia o ausencia de fortaleza, en un cuerpo y en un colectivo social.)

La moral europea INDICA la decadencia fisiológica de la especie.

lunes, 20 de octubre de 2025

Cuestionario ARISTÓTELES


CUESTIONARIO PARA EVALUACIÓN ARISTÓTELES
1. ¿Por qué la filosofía ética de Aristóteles es teleológica?
2. ¿Qué es la jerarquía de fines?
3. ¿Cuales son los criterios para un fin último de la vida humana?
4. ¿Cuál es el fin último de la vida humana?
5. ¿Cómo se consigue el fin último?
6. ¿Qué es la excelencia o virtud? (Ejemplos)
7. ¿Cuáles son las condiciones que requiere el ejercicio de la excelencia o virtud?
8. ¿Qué tipo de virtudes hay?
9. ¿Cuál es el tipo de vida ideal para Aristóteles?


RESPUESTAS

1. ¿Por qué la filosofía ética de Aristóteles es teleológica?

Porque su concepción del universo en general es teleológica. Es decir, supone fines.

Aristóteles concibe al cosmos como un sistema de entes con lugares y trayectorias naturales, y que se desarrollan hacia su mayor perfección.

También los criterios para determinar la corrección de las acciones dependen de los FINES que se postulan para ellas, y para la vida en general.

2. ¿Qué es la jerarquía de fines?

Las acciones humanas también tienden a fines: los bienes, u objetivos, que se buscan mediante la acción. Cada vez que actuamos, lo hacemos porque pretendemos alcanzar alguna cosa que nos proponemos.

Algunas acciones tienen fines que sólo son medios para otros fines más altos. En eso consiste la jerarquía de fines.

Hay bienes que no son nada más que "medios" para lograr otros fines. Por ejemplo, el trabajar puede ser medio para obtener dinero.

Otros bienes, en cambio, los consideramos "fines", es decir, que los buscamos por sí mismos, como, por ejemplo, la diversión o entretenimiento que el dinero nos procura.

Todos nuestros actos deben tener un fin último o dirigirse a un bien supremo, que dé sentido a todos los demás fines y medios que podamos buscar, porque de otra manera, si buscamos una cosa por otra, y ésta por una tercera, y así al infinito, la serie carecería de significado. No habría un fin: aquello que otorga sentido a los medios.

3. ¿Cuáles son los criterios para un fin último de la vida humana?

Aristóteles señala dos características que le corresponden a este bien supremo.

1) Finalidad (el fin debe ser un fin último, y no un medio para otra cosa.
2) Autarquía. (Debe ser algo que podamos procurarnos por nosotros mismos).

En primer lugar, tiene que ser final, algo que deseemos por sí mismo y no por otra cosa -de otro modo no sería el bien último-. En segundo lugar, tiene que ser algo que se baste a sí mismo, es decir, que sea autárquico, porque si no se bastase a sí mismo nos llevaría a depender de otra cosa.

4. ¿Cuál es el fin último de la vida humana?

El bien supremo -y sobre esto suele haber bastante acuerdo- es la felicidad; y Aristóteles dice: “Tal parece ser sobre todo lo demás, la felicidad, pues la elegimos siempre por sí misma y nunca por otra cosa.” (Ética nicomaquea I. 7. 1097 a - b.)

Pese al consenso de que el fin es la felicidad, existen distintas maneras de entenderla: unos, por ejemplo, sostienen que se encuentra en el PLACER; otros pretenden que se halla en los HONORES (reputación); otros, en las RIQUEZAS.

- La vida de mero placer es más de animales que de humanos, que son seres racionales.
- Los honores o la reputación nos viene del exterior, de otras personas, y por lo tanto no cumplen el requisito de autarquía.
- Las riquezas no son fines últimos, ya que lo material no es más que un medio para la satisfacción de otros fines.

Ninguna de las respuestas dadas satisface los criterios. La felicidad radica, para Aristóteles, en la conducta según la virtud.

5. ¿Cómo se consigue el fin último?

La virtud del hombre, por lo tanto, consistirá en la perfección en el uso de su FUNCIÓN PROPIA, la razón, en el desarrollo completo de su alma (o vida) racional.

El camino para el logro de la buena vida, es el adiestramiento prolongado, desde la juventud, en la ACCIÓN EXCELENTE o VIRTUD. El actuar excelente debe convertirse en un HÁBITO.

6. ¿Qué es la excelencia o virtud? (Ejemplos)

“La virtud es un hábito de elección, consistente en una posición intermedia relativa a nosotros, determinada por la razón y tal como la determinaría el hombre prudente. Posición intermedia entre dos vicios, el uno por exceso y el otro por defecto.” [Nic 1107a].
[Nic. II, 6, 1106 b 35 - 1107 a 3.]

Teoría del justo medio. La excelencia se encuentra MODULANDO la acción, de manera tal que se eviten los vicios por menos y por más, por defecto o por exceso.

Ejemplo: la VALENTÍA, la medida en la exposición al riesgo, es la virtud que está en el medio entre el vicio de la COBARDÍA que es defecto, y la TEMERIDAD, que es vicio por exceso.

8. ¿Qué tipo de virtudes hay?

Virtudes ÉTICAS, que son las propias de la acción.
Virtudes DIANOÉTICAS, que son las virtudes intelectuales.

9. ¿Cuál es el tipo de vida ideal para Aristóteles?

La vida CONTEMPLATIVA, es decir, la dedicada al estudio y al conocimiento.

jueves, 8 de mayo de 2025

Etica en Aristóteles (Carpio)



UNSa - IEM

ETICA

TEMA: La ética en Aristóteles.

SÍNTESIS DEL TEXTO

TELEOLOGÍA

Aristóteles concibe al cosmos como un sistema de entes con lugares y trayectorias naturales, y que se desarrollan hacia su mayor perfección.

MEDIOS Y FINES

Las acciones humanas también tienden a fines: los bienes que pretenden.

Algunos son medios y otros son fines. Jerarquía de fines.

Cabe preguntarse por el fin último de la existencia humana. El bien supremo.

Dos características debe cumplir algo para ser el bien supremo: finalidad última (no ser fin de algo más) y autarquía (debe bastarse a sí mismo).

Existe consenso en que el bien supremo es la eudaimonía.

Algunos consideran que consiste en los placeres, o en los honores, o en las riquezas. Aristóteles disiente, mostrando que no corresponden con la naturaleza humana, no son fines últimos, o son dependientes de circunstancias externas. Considera que dichos bienes son buenos para la vida, pero no el bien último.

VIRTUDES

La eudaimonía radica en la areté.

Lo propio de la existencia humana es la vida según la razón.

La virtud es un hábito de elección, consistente en una posición intermedia relativa a nosotros, determinada por la razón y tal como la determinaría el hombre prudente.

Posición intermedia entre dos vicios, el uno por exceso y el otro por defecto.

1) los actos deben ser resutados de una elección deliberada;

2) deben ser habituales, hábitos; se requiere un caráter formado en el ejercicio de las acciones virtuosas;

3) deben ser modulados: término medio entre vicios por exceso y defecto;

4) no son reglas lógicas, sino modulaciones propias del hombre prudente.

Hay virtudes prácticas, y virtudes intelectuales.

La vida superior es la vida contemplativa, en la cual se despliegan las virtudes intelectuales.

[Adaptado del libro “Principios de filosofía” de Adolfo P. Carpio, cap. 4, Ed. Paidós (2013)]


**************************************************************

TEXTO

Puede descargarse AQUÍ.

CARPIO, Adolfo.

Principios de filosofía, cap. VI

LA ETICA EN ARISTOTELES


MEDIOS Y FINES


Ya se ha señalado (§ 5) que Aristóteles piensa toda la naturaleza de manera finalista, teleológica. Cuando un cuerpo cae, por ejemplo, ello se debe a que tiene como meta o fin el "lugar natural" hacia el que se dirige: el fuego se eleva, porque su lugar natural está en lo alto; la piedra cae, porque el suyo está abajo. Incluso la entera escala de la naturaleza puede interpretarse finalísticamente, como si desde la materia menos informada hubiese una especie de continuo esfuerzo de ascensión hacia grados cada vez superiores, más ricos, más "actuales" (más reales), hacia la realización más perfecta de la forma.


Esta teleología valdrá también, pues, para la acción del hombre. El hombre continuamente obra, realiza acciones. Y lo que hace, lo hace porque lo considera un "bien", porque si no lo considerase un bien, no lo haría (otra cosa es que se equivoque, y que lo que considera un "bien" sea un mal). Pero ocurre que hay bienes que no son nada más que "medios" para lograr otros, como, por ejemplo, el trabajar puede ser medio para obtener dinero; mas hay otros bienes que, en cambio, los consideramos "fines", es decir, que los buscamos por sí mismos, como, por ejemplo, la diversión o entretenimiento que el dinero nos procure. Pero además tenemos que admitir que todos nuestros actos deben tener un fin último o dirigirse a un bien supremo, que dé sentido a todos los demás fines y medios que podamos buscar, porque de otra manera, si buscamos una cosa por otra, y ésta por una tercera, y así al infinito, la serie carecería de significado, no se trataría en el fondo nada más que de una serie de "medios" a la que le faltaría el "fin", vale decir, aquello que otorga sentido a los medios.

Aristóteles señala dos características que le corresponden a este bien supremo. En primer lugar, tiene que ser final, algo que deseemos por sí mismo y no por otra cosa -de otro modo no sería el bien último-. En segundo lugar, tiene que ser algo que se baste a sí mismo, es decir, que sea autárquico, porque si no se bastase a sí mismo nos llevaría a depender de otra cosa.


Tal bien supremo -y sobre esto todos los hombres están de acuerdo- es la felicidad; y Aristóteles dice: “Tal parece ser sobre todo lo demás, la felicidad, pues la elegimos siempre por sí misma y nunca por otra cosa.” 33


Pero si bien todos los hombres coinciden en buscar y desear la felicidad, sucede que creen poder encontrarla en cosas muy diversas: unos, por ejemplo, sostienen que se encuentra en el placer; otros pretenden que se halla en los honores; otros, en las riquezas.


La teoría que sostiene que la felicidad consiste en el placer se llama hedonismo (hedoné significa "placer"). Pero Aristóteles rechaza tal teoría. En efecto, en el hombre hay tres "almas" o vidas: la vegetativa, la sensitiva y la racional; y el placer evidentemente se refiere al alma sensitiva, a la propia de los animales. Por ello Aristóteles sostiene que una vida de placeres es una vida puramente animal, porque si llevásemos vida tal, no estaríamos viviendo en función de lo que nos distingue como seres humanos, sino solamente en función de lo que en nosotros hay de animalidad. Pero hay otra razón más para rechazar el hedonismo. Y es que en el placer dependemos del objeto del placer, estamos atados -y en los casos extremos esclavizados- al objeto del placer; si el placer lo encontramos en la bebida, pongamos por caso, dependeremos de la bebida, de que dispongamos de ella. Más de tal modo resulta claro que no seremos autárquicos, como sin embargo hemos establecido que debe ocurrir con el fin último; el placer no es un bien que se baste a sí mismo. 


Otros sostienen que la felicidad se logra con los honores, en la fama, en la carrera política. Pero Aristóteles señala que tampoco en este caso se alcanza la autarquía, puesto que los honores no dependen de nosotros, sino de los demás, que nos los otorgan, y que, así como los otorgan, los pueden también quitar; a lo cual hay que agregar que por lo general quien los otorga es la mayoría, que suele ser la más ignorante, de tal manera que los honores procederían, no de quienes más acertadamente podrían dispensarlos por conocer mejor la cuestión, sino de quienes menos la conocen. Además, se busca que los otros nos honren como prueba del propio mérito; de modo que es en éste donde se encuentra el bien, y no en las honras mismas.


En cuanto a quienes colocan la felicidad en el dinero, "es evidente que la riqueza no es el bien que buscamos, pues sólo es útil para otras cosas",34 es un medio, no un fin.


No se crea, sin embargo, que Aristóteles niegue de modo absoluto el valor del placer, de los honores o de la riqueza. Por el contrario, no se encuentra en él ninguno de los rasgos, a veces demasiado ascéticos, frecuentes en Platón. Aristóteles es persona que sabe muy bien calibrar, medir y apreciar los encantos que puede tener la existencia humana en todos sus aspectos. La Ética nicomaquea es uno de los libros más ricos que existan en cuanto se refiere a análisis concretos de la vida humana, interesantísimo, para todo el que tenga verdadera vocación filosófica y psicológica, por la extraordinaria penetración y finura de juicio, y, a la vez, por la comprensión que tiene Aristóteles para todas las cosas, pues no es pensador dogmático y encerrado en unas pocas ideas, sino siempre dispuesto a recibir todas las opiniones, inclusive las que pareciesen en primera instancia más opuestas a las suyas.


VIRTUDES ETICAS Y DIANOETICAS


Según Aristóteles, la felicidad sólo puede encontrarse en la virtud. Virtud -(areté)- significa "excelencia", la perfección de la función propia de algo o alguien. La función del citarista, v. gr., reside en saber tocar la cítara; y será virtuoso en el arte de tocarla en la medida en que desempeñe tal función de manera excelente. De modo semejante, debemos preguntarnos en qué consiste la función propia del hombre como tal, para poder determinar en qué estriba su virtud:


“el vivir parece también común a las plantas, y se busca lo propio del hombre. Hay que dejar de lado, por tanto, la vida de nutrición y crecimiento. Vendría después la sensitiva, pero parece que también ésta es común al caballo, al buey y a todos los animales. Queda, por último, cierta vida activa propia del ente que tiene razón, y éste, por una parte, obedece a la razón; por otra parte, la posee y piensa.” 35


La virtud del hombre, por lo tanto, consistirá en la perfección en el uso de su función propia, la razón, en el desarrollo completo de su alma (o vida) racional. Pero ocurre que el hombre no es solamente racional, sino que en él hay también una parte irracional de su alma: los apetitos, la facultad de desear- que a veces sigue los dictados de la razón (tal como ocurre en quien se domina a sí mismo), pero a veces no (el caso del incontinente). Según lo cual habrá dos tipos de virtudes: las de la razón considerada en sí misma (virtudes dianoéticas) y las de la razón aplicada a la facultad de desear (virtudes éticas).36


Las virtudes éticas o morales, o virtudes del carácter ( [éthos] significa "carácter", "manera de ser", "costumbre"), las define Aristóteles en un pasaje célebre:


“La virtud es un hábito de elección, consistente en una posición intermedia relativa a nosotros, determinada por la razón y tal como la determinaría el hombre prudente. Posición intermedia entre dos vicios, el uno por exceso y el otro por defecto.” 37


Aristóteles dice, en primer lugar, que para que haya valor moral en una persona, sus actos tienen que ser resultado de una elección (es decir, tienen que ser libres, si bien no hay en Aristóteles un planteo expreso del tema de la libertad de la voluntad), porque un acto realizado de otra manera -por ejemplo, el movimiento involuntario de un miembro- no puede calificarse de moralmente bueno ni malo. Sólo se alaba o censura las acciones voluntarias.


En segundo lugar, se trata de un hábito, porque, en efecto, no basta con que una persona, en un caso dado, haya elegido lo debido para que la consideremos virtuosa. "Una golondrina no hace verano",38 es decir que una buena acción por sí sola no revela un individuo virtuoso, sino sólo en cuanto en esa acción se manifiesta un carácter virtuoso. La virtud es cuestión de práctica, de ejercicio, por lo que Aristóteles dice que es un "hábito", esto es, cierta manera de obrar constante, que se ha hecho costumbre en nosotros.


Tal hábito de elección, en tercer lugar, se halla "en una posición intermedia".


Porque ocurre que en las acciones puede haber exceso, defecto y término medio, y en elegir el justo término medio reside precisamente la virtud. Respecto del manejo del dinero, por ejemplo, hay un exceso, la prodigalidad o el despilfarro, y un defecto, la avaricia; la virtud consistirá en la liberalidad o generosidad. Respecto de los placeres, el exceso es la incontinencia o desenfreno; el defecto, la insensibilidad; y la virtud reside en la temperancia, vale decir, en el uso moderado y controlado de los placeres. La temeridad es vicio por exceso, la cobardía por defecto; la virtud consiste en la valentía.


Por último dice Aristóteles que ese término medio, que !o establece la razón, se lo debe determinar "tal como lo haría en cada caso el hombre prudente", el hombre dotado de buen sentido moral. Esto significa que no hay una especie de regla o norma matemática, digamos, que nos permita determinar, en general y abstractamente, cuál sea el término medio. Aristóteles tiene una visión muy concreta de las cosas, y sabe que el término medio no puede ser siempre el mismo, sino que depende de las circunstancias y de la persona del caso y de los extremos de que se trata -por eso el término medio es "relativo a nosotros". Hay virtudes diferentes según se trate del varón o de la mujer, del político o del guerrero, del sano o del enfermo. Una persona de organismo débil, por ejemplo, no puede realizar el acto que sería valiente para el caso de otra persona más robusta; la liberalidad de quien posee poco dinero no puede consistir en regalar tanto como quien es muy rico, porque en tal caso incurriría en despilfarro, que es un vicio. A todo esto se refiere Aristóteles al hablar del hombre prudente: éste es el hombre de tino, aquel que mediante larga experiencia ha ejercitado su razón de modo tal que puede discriminar lo que en cada caso concreto corresponde hacer, es el que tiene la mirada capaz de encontrar, en cada situación concreta, el justo término medio.


La virtud ética superior es la justicia 39 más todavía, es la virtud misma, así como la injusticia es el vicio, puesto que lo justo señala la debida proporción entre los extremos.

Sin embargo, ni siquiera la justicia representa plena autarquía, puesto que requiere otra persona respecto de la cual podamos ser justos y de la cual por tanto dependemos. Además, las virtudes éticas no son de por sí completas, ya que -según su definición remiten a la prudencia, que es virtud intelectual.


Las virtudes dianoéticas o intelectuales atañen al conocimiento. Unas, las de la "razón práctica", se refieren a las cosas contingentes, es decir, a las que, en cuanto caen bajo el poder del hombre, pueden ser o no ser o ser de otra manera.

Son dos: el arte -"hábito productivo acompañado de razón verdadera" 40- y la prudencia -"arte práctico verdadero, acompañado de razón, sobre las cosas buenas y malas para el hombre"- 41.


Las otras virtudes intelectuales, las de la "razón teórica", conciernen al puro conocimiento contemplativo, y se refieren a la realidad y sus principios, a lo que es y no puede ser de otro modo, por tanto, a lo necesario. Éstas son la ciencia (epistéme) -"hábito demostrativo" 42-, la intuición (intelectual) o intelecto (nóus) -"hábito de los principios" 43-, que capta las formas, o el principio de contradicción, que constituye la base de toda demostración, y la sabiduría (sophía), que no sólo conoce las conclusiones de los principios, sino también la verdad de éstos, vale decir que reúne en sí la intuición de los principios y lo que se desprende necesariamente de ellos.44


En estas virtudes del pensamiento, de la pura actividad contemplativa de la verdad por el puro gozo de contemplarla, en la pura teoría (theoría), se encuentra la felicidad perfecta, pues, en efecto, la vida teorética se basta a sí misma, y llena entonces la condición que debe tener el fin último:

“la autosuficiencia o independencia de que hemos hablado puede decirse que se encuentra sobre todo en la vida contemplativa. Sin duda que tanto el filósofo como el justo, no menos que los demás hombres, han menester de las cosas necesarias para la vida; pero supuesto que estén ya suficientemente provistos de ellas, el justo necesita además de otros hombres para ejercitar en ellos y con ellos la justicia, y lo mismo el temperante y el valiente y cada uno de los representantes de las demás virtudes morales, mientras que el filósofo, aun a 

solas consigo mismo, es capaz de contemplar, y tanto más cuanto más sabio sea.” 45


El filósofo, pues, es el que más o mejor se basta a sí mismo, y la vida de razón, la vida contemplativa, es la más feliz,46 y la sabiduría la virtud más alta. Pero Aristóteles tiene perfecta conciencia de que ningún hombre puede vivir una vida pura y exclusivamente contemplativa -hay siempre en el hombre otras necesidades que lo requieren. Por ello una vida puramente teorética es superior a la humana, y sólo un ideal para el hombre:


“Una vida semejante, sin embargo, podría estar quizá por encima de la condición humana, porque en ella no viviría el hombre en cuanto hombre, sino en cuanto que hay en él algo divino.” 47


Pero el que sea más que humana no implica que se abandone ese ideal, sino todo lo contrario:

“Mas no por ello hay que dar oídos a quienes nos aconsejan, con pretexto de que

somos hombres y mortales, que pensemos en las cosas humanas y mortales, sino que

en cuanto nos sea posible hemos de inmortalizarnos y hacer todo lo que en nosotros esté para vivir según lo mejor que hay en nosotros [...]” 48



28 Cf. op. cit. XII, 7, 1072 b 24-28.

29 1072 b 3.

30 1072 b 13-14.

31 Cf. Div. com., Paradiso XXVIII, 41-42.

32 A. H. ARMSTRONG, Introducción a la filosofía antigua (trad. esp., Buenos Aires, Eudeba, 1966), p. 151.

33 Ética nicomaquea I. 7. 1097 a - b.

34 op. cit. I. 6. 1096 a 6-7 (trad. M. Araujo - J. Marías).

35 op. cit. I, 7, 1097 b 33 -1098 a 5 (trad. cit)

36 Cf. op. cit. I, 13, 1103 a.

37 op. cit. II, 6, 1106 b 35 - 1107 a 3.

38 op. cit. I, 7, 1098 a -19

39 op. cit. V, I, 1129 b 25 ss.

40 op. cit.. 1140 a II (tr. Gómez Robledo).

41 op. cit.. 1140 b 7 (id.).

42 op. cit., 1139 b 32.

43 op. cit. 1141 a 8

44 Cf.. op. cit., 1141 a 16-20.

45 op. cit., X, 7, 1177 a 28 ss.

46 op. cit. 1178 a.

47 op. cit., 1177 b 27 ss.

48 op. cit. 1177 b 31 ss.


lunes, 14 de octubre de 2024

Nietzsche

Fuentes:
Más allá del bien y del mal. (AQUÍ)
El crepúsculo de los ídolos.  (AQUÍ)
Genealogía de la Moral.  (AQUÍ) y (AQUÍ), (TXT)
Así habló Zarthustra.  (AQUÍ)

lunes, 9 de septiembre de 2024

Cuestionario Kant

Cuestionario sobre la ética de Kant

¿Cómo es el método de Kant?

El método crítico de Kant se conoce como: MÉTODO TRASCENDENTAL.
[Trascendental, en el contexto de la teoría kantiana, significa análisis de las condiciones que hacen posible algo. Por ejemplo, el conocimiento o la moral.]`
[Es decir, análisis de las CONDICIONES DE POSIBILIDAD.]

Se parte de un HECHO establecido, y no polémico, y se analiza cómo es posible desde un punto de vista conceptual.

En la TEORÍA DEL CONOCIMIENTO de Kant:
El HECHO a explicar es la existencia y eficacia del conocimiento científico. En particular, de las ciencias Matemáticas y Físicas.
El método trascendental busca explicar cuáles son las CONDICIONES de posibilidad del conocimiento científico.

Esas condiciones son: formas de la sensibilidad (Espacio, Tiempo) y categorías del entendimiento (conceptos y juicios). Según Kant, son necesarias para que pueda existir el conocimiento de la naturaleza.

La naturaleza es, para Kant, un conjunto de fenómenos estructurados mediante leyes generales. Entre ellas la de causalidad. (Todo evento está determinado causalmente en la naturaleza.)
En ética, esto resultaría un problema. Se supone que el sujeto agente de acciones debe ser LIBRE, si se considera que es moralmente responsable.

Kant resuelve el problema considerando que la naturaleza, que es el objeto de conocimiento, se reduce a los fenómenos estructurados por leyes. A eso le llama el campo de lo FENOMÉNICO.



Se elimina la amenaza del DETERMINISMO (la idea de que no existe libre albedrío), considerando que la LIBERTAD pertenece al ámbito de lo NOUMÉNICO.

La LIBERTAD, entonces es un postulado de la Razón Práctica.

¿Cómo podrían sintetizarse los aportes de Kant a la teoría del conocimiento?

La Critica de la razón pura hace la distinción esencial de una materia y de una forma.

La materia del conocimiento es aportada AL espíritu.
La forma del conocimiento es aportada POR el espíritu.
El conocimiento es posible mediante este aporte doble.

1) La forma de nuestro conocimiento humano es racional. Nuestra razón cognoscente es una razón formal, una estructura de formas que unifica la unidad trascendental del  “yo pienso”. 

Esta estructura comprende:

a) Formas receptivas de la experiencia: formas trascendentales a priori de la sensibilidad. Espacio y Tiempo. Todo lo que nuestra razón recibirá bajo estas formas tendrá necesariamente forma espacio-temporal.

b) Formas constituyentes, trascendentales y a priori, constructoras de los objetos de la percepción. Estas son las categorías (o conceptos trascendentales a priori) y los principios (o juicios trascendentales a priori) del entendimiento puro. Las categorías del entendimiento puro estructuran las intuiciones sensibles: prolongamientos gracias a los cuales su actividad podrá reunirlos, y subsumirlos. Kant los denomina esquemas de la imaginación pura a priori, mediante los cuales se expresa una intención de dominio de las formas intelectuales sobre la materia sensible. Temas de la “Analítica trascendental”.

c) Ideas trascendentales a priori de la razón: ideas reguladoras. Operan la unificación progresiva de nuestros conocimientos; nóumenos estimulando nuestra actividad racional hacia la unidad del conocimiento. Estas son las ideas de: mundo, alma y Dios. Tema de la “Dialéctica transcendental.

Toda esta estructura racional está unificada por la Unidad trascendental del “Yo pienso”. Del Sujeto pensante a la que también denomina “Unidad de la apercepción trascendental”. Dice Kant: “El Yo pienso debe poder acompañar todas mis representaciones pues de otra forma estaría representado en mí algo que no podría ser pensado”.

2°) La materia del conocimiento es sensible. Está dada en la intuición. La subjetividad no tiene otras intuiciones que las intuiciones sensibles. Primero las intuiciones puras del espacio y del tiempo: intuiciones sensibles a priori. Luego intuiciones empíricas aportadas a posteriori, por las sensaciones y ordenadas según las formas a priori de la sensibilidad: espacio y tiempo. El espacio y el tiempo que son formas a priori, receptivas de todos los datos empíricos a posteriori. Son al mismo tiempo materia intuitiva a priori, que ofrecen material a las categorías del entendimiento.

¿Qué se sigue de esto en cuanto a nuestro poder de conocer?

Nuestra ciencia será necesariamente limitada al dominio de la experiencia espacio-temporal.

Fuera de estos límites no estamos conformados para saber porque ninguna intuición está ofrecida a las formas de la razón que no es sino formal. 

Sólo podemos conocer la realidad como fenómeno, pero no en tanto nóumeno.

No estamos en condiciones de conocer objetos trascendentales.

Esto no significa que ninguna metafísica nos permanezca inaccesible; podemos hablar legítimamente de una Metafísica de la naturaleza y de una Metafísica de las costumbres.


¿Cómo se aplica ese método en el análisis moral?

Kant da por supuesta la existencia de una conciencia moral común. Sus propios padres, cuyos sacrificios habían hecho posible que él se educara, y cuyas dotes intelectuales eran notablemente inferiores a las suyas, le parecían ser modelos de simple bondad. Cuando Kant leyó a Rousseau, las observaciones de éste sobre la dignidad de la naturaleza humana común le llamaron inmediatamente la atención.

La conciencia moral de la naturaleza humana común proporciona al filósofo un objeto de análisis, y un punto de partida. La tarea del filósofo es averiguar cuál debe ser el carácter de nuestros conceptos y preceptos morales para que la moralidad sea posible tal como es. Es decir, las condiciones de posibilidad de la moral.

Kant concibió su tarea como el aislamiento de los elementos a priori -y, por lo tanto, inmutables- de la moralidad. En diferentes sociedades quizás haya diferentes esquemas morales, y Kant insistió en que sus propios estudiantes se familiarizaran con el estudio empírico de la naturaleza humana. Pero, ¿qué es lo que convierte en morales a estos esquemas? ¿Qué forma debe tener un precepto para que sea reconocido como precepto moral?

¿Cuál es el punto de partida de la ética de Kant?

Kant emprende el examen de esta cuestión a partir de la aseveración inicial de que no hay nada incondicionalmente bueno, excepto una buena voluntad. La salud, la riqueza o el intelecto son buenos sólo en la medida en que son bien empleados. 

La voluntad no es buena por lo que obtiene o logra.

La atención se centra en la voluntad del agente, en sus móviles o intenciones, y no en aquello que obtiene.

¿Cuándo es 'buena' la 'voluntad'?

La buena voluntad es aquella que actúa por deber. Por deber y no solamente en conformidad con el deber. Actos conformes al deber pueden no ser cumplidos por deber. 
Una persona puede hacer lo que es su deber respondiendo a móviles muy distintos.

Ejemplo del almacenero:
Un comerciante que entrega el cambio correcto puede ser honesto no a causa de que es su deber ser honesto, sino porque la honestidad trae buenos resultados al atraer a la clientela y aumentar las ganancias. El motivo es la conveniencia, y no la corrección de la acción.

Una voluntad puede extraviarse no sólo haciendo lo debido por egoísmo, sino también por móviles altruistas, cuando surgen de la inclinación. Si soy una persona amistosa y alegre por naturaleza, que gusta de ayudar a los demás, mis actos altruistas -que pueden coincidir con lo que de hecho me exige el deber- quizá se realicen no porque el deber los exija, sino simplemente porque tengo una inclinación a comportarme de esa manera y disfruto de ello. En este caso, mi voluntad no llega a ser decisivamente buena, lo mismo que si hubiera actuado por un interés egoísta. 

Kant contrasta entre el deber, por una parte, y las inclinaciones (intereses, deseos, pasiones, y cualquier móvil no racional) de cualquier tipo, por la otra.
La inclinación pertenecen a nuestra determinada naturaleza física y psicológica, y no podemos, según Kant, elegir nuestras inclinaciones.
Lo que podemos hacer es elegir entre nuestra inclinación y nuestro deber.

El rigorismo kantiano no es otra cosa que racionalismo: quiere una metafísica de las costumbres establecida en pura razón y válida para todo ser racional, independientemente de las inclinaciones sensibles que puedan existir en aquellos seres razonables que como los hombres también son seres sensibles.

Kant no exige a este ser que renuncie a la dicha. Incluso plantea como deber el procurar la felicidad propia y ajena.

El rigorismo no consiste en declarar malas las inclinaciones sino en rechazar que ellas sirvan de máximas a la voluntad y al principio de moralidad. No excluye de la moralidad el acto cumplido con inclinación sino el acto cumplido solamente por inclinación.

Pero dado que el hombre es también un ser sensible, es necesario postular un móvil (sensible) además de un motivo (racional.)

¿Cuál es el móvil moral?

El móvil de la voluntad buena es un sentimiento original engendrado por la representación de la ley, ligado a ella y no teniendo otro objeto que ella. El respeto: sentimiento sui generis que tiene por objeto la ley (y las personas como sujetos de la ley) jamás las cosas.

La voluntad buena es aquella que se deja determinar: objetivamente sólo por la ley moral; subjetivamente sólo por el sentimiento de respeto.

¿Cómo se me hace presente el deber?

Se presenta como la obediencia a una ley que es universalmente válida para todos los seres racionales.

La clara antítesis planteada por la conciencia común entre lo que es y lo que debe ser significa que la ley moral es a priori; y que esta aprioridad está inscripta en la conciencia común.

La ley que prescribe lo que debe ser no se deriva de la experiencia, es lógicamente anterior y superior, y la juzga.

No se puede extraer la ley de ejemplos: el valor y la selección de los ejemplos presupone la ley. 

La ley moral es por lo tanto una ley a priori de la razón, válida para todos los seres razonables.

¿Cuál es el contenido de esta ley? ¿Cómo tomo conciencia de ella?

Tomo conciencia de ella como un conjunto de preceptos que puedo establecer para mí mismo y querer coherentemente que sean obedecidos por todos los seres racionales.

Si suponemos un ser cuya sola razón determinara inmediatamente la voluntad, elegiría siempre solo lo bueno. La voluntad subjetiva estaría infaliblemente de acuerdo con la objetividad universal de la ley racional.

Pero a un ser razonable cuya voluntad también está determinada por móviles sensibles, como el hombre, la ley se le presenta como un mandato proveniente de una razón trascendental y universal, que se dirige imperativamente al sujeto empírico individual. Es una orden de la parte racional sobre la parte irracional.

La fórmula de un mandato se llama imperativo.

A la voluntad ambigua de un ser doble como el hombre, razonable y sensible, la razón presenta su ley bajo la forma de un imperativo que se dirige a una voluntad susceptible de sustraerse a la ley de la razón para ceder a las inclinaciones de la sensibilidad.

Los imperativos caracterizan la relación de una ley racional objetiva con una voluntad subjetiva imperfecta.

La prueba de un auténtico imperativo es que puedo universalizarlo, esto es, que puedo querer que sea una ley universal; que sea ley de una naturaleza posible (moral.)

Debo ser capaz de querer que sea ejecutado universalmente en las circunstancias apropiadas.

La exigencia de consistencia es parte de la racionalidad esperada en una ley que los humanos se prescriban a sí mismos, en tanto seres racionales.

¿Cómo ilustra la exigencia de universalidad el ejemplo de las promesas?

Ejemplo de las promesas. Supóngase que estoy tentado de romper una promesa. El precepto según el cual pienso actuar puede formularse así: "Me es posible romper una promesa siempre que me convenga." ¿Puedo querer consistentemente que este precepto sea universalmente reconocido y ejecutado?
Si todos actuaran según este precepto y violaran sus promesas cuando les conviene, evidentemente la práctica de formular promesas y confiar en ellas se desvanecería, pues nadie sería capaz de confiar en las promesas de los demás, y, en consecuencia, expresiones de la forma "Yo prometo…” dejarían de tener sentido. Por eso querer que este precepto se universalice es querer que el mantenimiento de las promesas ya no sea posible. Pero querer que yo sea capaz de actuar de acuerdo con este precepto (lo que debo querer como parte de mi voluntad de que el precepto sea universalizado) es querer que sea capaz de formular promesas y violarlas, y esto implica querer que la práctica del mantenimiento de las promesas continúe con el fin de que pueda sacar provecho de ella. Por eso querer que este precepto sea universalizado es querer a la vez que el mantenimiento de promesas subsista y no subsista como práctica. Así, no puedo universalizar el precepto en forma consistente, y, por lo tanto, éste no puede ser un verdadero imperativo moral o, como lo llama Kant, un imperativo categórico.

¿Qué clases de imperativos distingue Kant?

Los imperativos ordenan o hipotéticamente o categóricamente.

Los imperativos hipotéticos declaran los medios si la voluntad se propone tal o cual fin.

Un imperativo hipotético tiene la forma "Debes hacer tal y cual cosa si . . . " El 'si' puede introducir dos tipos de condición. Hay imperativos hipotéticos de habilidad: "Debes hacer tal y cual cosa (o, 'Haz tal y cual cosa') si quieres obtener este resultado" (v. g., "Aprieta la perilla si quieres tocar el timbre"); y hay imperativos hipotéticos de prudencia: "Debes hacer tal y cual cosa si deseas ser feliz (o, 'para tu beneficio') ."

El imperativo categórico declara la acción objetivamente necesaria, sin relación a ningún fin. 
Es la regla, ya no de la habilidad o la prudencia, sino de la moralidad.

Constituye una proposición a priori y sintética. A priori porque no está sacado de ninguna experiencia, y sintético puesto que liga la volición de una acción a una voluntad razonable universal.

Kant contrapone los imperativos morales (categóricos) a los imperativos hipotéticos.

El imperativo categórico no está limitado por ninguna condición. Simplemente tiene la forma "Debes hacer (o no hacer) tal y cual cosa".

Una versión del imperativo categórico kantiano aparece, por cierto, en expresiones morales comunes de nuestra sociedad: "Debes hacerlo." "¿Por qué?" No hay un motivo. Simplemente debes hacerlo." La eficacia del "No hay un motivo" reside en que establece un contraste con los casos en que se debe hacer algo porque nos traerá placer o provecho o producirá algún resultado que deseamos. 

A estas nociones familiares se agrega la prueba kantiana de la capacidad 'para universalizar el precepto en forma consistente', un criterio que pretende ser racional y, por ello objetivo, para decidir cuáles son los imperativos morales auténticos.

FÓRMULAS DEL IMPERATIVO CATEGÓRICO

La ley de la razón ordena absolutamente que la máxima de la acción sea universalizable.

FÓRMULA MADRE: “Actúa únicamente según la máxima que hace que tú puedas querer al mismo tiempo que ella sea una ley universal”.

Debemos distinguir entre máxima y ley: una máxima es una regla subjetiva de acción; la ley al contrario es un principio objetivo universal, válido para todo ser razonable. 

Según la formula-madre nuestras máximas deberán ser tales que nosotros podamos querer que sean erigidas en leyes, universalizables, pues lo propio de una ley es su universalidad.

FÓRMULAS DERIVADAS:

1) Actúa como si la máxima de tu acción debiera por tu voluntad a ser erigida como ley universal de la naturaleza. 

2) Actúa de manera que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la de los otros, nunca como un medio, sino siempre como un fin.

3) Actúa de tal forma que tu voluntad pueda considerarse como siendo ella misma la legisladora de la ley universal a la cual se somete.

AUTONOMÍA

La acción moral, además, requiere autonomía. Según Kant, el ser racional se da a sí mismo los mandatos. No obedece más que a su razón, que busca la objetividad.

¿Por qué, por ejemplo, las morales de Jesús o de Aristóteles serían ejemplos de 'heteronomía'?

La obediencia no es automática porque no somos seres completamente racionales, sino compuestos de razón y de lo que Kant llama la sensibilidad, en la que incluye todo nuestro modo de ser fisiológico y psicológico. Kant contrapone lo que denomina "amor patológico" -expresión que no designa un amor mórbido o inhumano, sino un afecto natural, esto es, el amor que surge en nosotros espontáneamente- al "amor que puede ser ordenado", es decir, la obediencia al imperativo categórico que se identifica con el amor al prójimo ordenado por Jesús. Pero Jesús no puede constituir para nosotros una autoridad moral; o, más bien, lo es sólo en la medida en que nuestra naturaleza racional lo reconoce como tal y le acuerda autoridad. Y si ésa es la autoridad que aceptamos, lo que en última instancia se nos presenta como tal, es de hecho nuestra propia razón y no Jesús. Podemos expresar esto mismo en otra forma. Supóngase que un ser divino -real o supuesto- me ordena hacer algo. Sólo debo hacer lo que ordena si lo que ordena es justo. Pero si estoy en la situación de juzgar por mí mismo si lo que ordena es justo o no, entonces no necesito que un ser divino me instruya con respecto a lo que debo hacer. Cada uno de nosotros es, ineludiblemente, su propia autoridad moral. Comprender esto -lo que Kant llama autonomía del agente moral- es comprender también que la autoridad externa, aun si es divina, no puede proporcionar un criterio para la moralidad. Suponer que puede hacerlo implicaría ser culpable de heteronomía, es decir, del intento de someter al agente a una ley exterior a sí mismo, ajena a su naturaleza de ser racional.

La creencia en la ley divina como fuente de la moralidad no es el único tipo de heteronomía. Si intentamos encontrar un criterio para evaluar los preceptos morales en el concepto de felicidad o en el de lo que satisfaría los deseos y necesidades humanas estaremos igualmente mal encaminados. El reino de la inclinación es tan ajeno a nuestra naturaleza racional como cualquier mandamiento divino. Por eso la 'eudaimonía' de Aristóteles es tan poco apropiada para la moralidad racional, que promueve Kant, como la ley de Cristo.

La noción de felicidad, que vertebra la ética aristotélica, es indefinidamente variable, según entiende Kant. Pero la ley moral debe ser completamente invariable.
Cuando he descubierto un imperativo categórico, he descubierto una regla que no tiene excepciones.

Ejemplo: 
El problema de la licitud circunstancial de la mentira. (Kant dice que nunca es lícito mentir.)

EL REINO DE LOS FINES

El reino de los fines, es el reino de los seres que son fines en sí mismos, es decir seres razonables. Todo ser racional es del reino de los fines. Lo es como miembro (miembro legislador) si se trata de un ser que como el hombre es un ser a la vez razonable y sensible, autor pues de la ley al mismo tiempo que subordinado a la ley. 

LA LIBERTAD

El concepto de libertad es la llave que da la explicación de la autonomía y del imperativo categórico. Lo comprendemos por la distinción del mundo sensible y el mundo inteligible, del orden fenoménico empírico y del orden nouménico trascendental. La causalidad por la libertad es del orden de lo inteligible y trascendental, mientras que la causalidad por necesidad es en la naturaleza fenoménica. Lo que da cuenta de la autonomía y del imperativo categórico, es el concepto de la libertad, de una libertad trascendental en un mundo inteligible, del que forman parte todos los seres razonables y el hombre en tanto que ser razonable. ¿Cómo un imperativo categórico,  proposición práctica sintética a priori, es posible? Es posible porque mi voluntad afectada por una parte por la sensibilidad, pertenece por otra parte al mundo inteligible, y que en este último es el principio trascendental del mundo sensible.


¿Por qué Dios, libertad e inmortalidad son presupuestos?

Según Kant, la razón práctica presupone una creencia en Dios, en la libertad y en la inmortalidad. 

1. Se necesita de Dios como un poder capaz de realizar el summum bonum, es decir, de coronar la virtud con la felicidad.

2. Se necesita de la inmortalidad porque la virtud y la felicidad manifiestamente no coinciden en esta vida, 

3. La libertad es el supuesto previo del imperativo categórico; Pues sólo en los actos de obediencia al imperativo categórico nos liberamos de la servidumbre a nuestras propias inclinaciones.

¿Por qué la obediencia a la ley es libertad moral?

El debes del imperativo categórico sólo puede aplicarse a un agente capaz de obedecer. En este sentido, debes implica puedes. Y ser capaz de obedecer implica que uno se ha liberado de la determinación de sus propias acciones por las inclinaciones, simplemente porque el imperativo que guía la acción determinada por la inclinación es siempre un imperativo hipotético. Éste es el contenido de la libertad moral.

RESPUESTAS A LAS PREGUNTAS

Las cuatro preguntas básicas de la filosofía, según Kant: ¿Qué podemos saber? ¿Qué debemos hacer? ¿Qué podemos esperar? 
Responde:
Nosotros podemos conocer el orden de los fenómenos en el espacio y en el tiempo.
Nosotros debemos hacer lo que es debido.
Nosotros podemos esperar el Soberano Bien.


[Adaptación de M. Paesani, a partir de la traducción parcial de Teresa Leonardi Herrán de “La moral de Kant” de Joseph Vialatoux, y del Capítulo 14 de la 'Historia de la Ética' de Alasdair McIntyre. IEM - Tartagal, 2025.]